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Discurso de graduación – Alumnos 2º Bachillerato

Graduación 2º Bachillerato 2023

En este teatro estáis reunidos quienes habéis supuesto las influencias más grandes que hemos recibido en toda nuestra vida: profesores, familia y amigos. Hoy, pese al sabor amargo de la despedida, celebramos el tiempo que hemos vivido aquí y sus resultados. Hay a quienes no les gustan las celebraciones; pero en este colegio siempre nos ha gustado celebrar. Fechas como esta tienen una gran utilidad, porque nos hacen romper con lo cotidiano, parar, mirar hacia atrás y pensar un poco. Son un buen momento para expresar el agradecimiento que sentimos. Eso queremos hacer.

La palabra gracias está muy manida, la gastamos al usarla constantemente para todo, y, aunque es de buena educación, no tenemos otra palabra para cuando queremos agradecer a mayor escala. Sin embargo, las gracias de hoy no son por compromiso ni por educación, sino las que nacen desde el corazón. Porque la madurez que aquí hemos adquirido nos hace ver todo lo que nos habéis dado, y esto, nos hace sentirnos en deuda con todos vosotros. Agradecer es hacer justicia, reconocer lo que nos es dado; y, sin quitarnos mérito, supone recordar los motivos que tenemos para estar orgullosos; y eso, empodera y reafirma. Por eso, allá van las nuestras.

Durante este tiempo son muchas las personas que nos habéis acompañado dentro del colegio. Cómo no comenzar por nuestros profesores, que estáis todos aquí, viendo en los que nos hemos convertido. Hace tanto tiempo que quizás muchos ni nos acordamos de cuando llegábamos al colegio muertos de miedo, con alguna que otra lágrima y con ninguna gana de quedarnos todo el día con un montón de personas extrañas y que tampoco teníamos muchas ganas de conocer. Impresiona pensar que ya han pasado 15 años desde que aquellos niños comenzamos esta larga etapa, y que esos extraños ahora son personas indispensables en nuestra vida.

Infantil comenzó con nuestro babi, que nos protegía y del que nos agarrábamos de nuestros compañeros para ir en fila, con el que formamos el primitivo grupo que hoy se gradúa. Ahí comenzaron nuestras primeras amistades. Durante estos años llegábamos, tan pequeños, y entrabamos los primeros días con recelo hasta que nos fuimos acostumbrando, haciendo amigos y salimos con ese babi machado de jugar en el patio con la arena y en clase a los rincones. Queremos dar las gracias a los profesores que nos acompañaron durante esa etapa, que nos dieron la mano durante nuestros primeros pasos. Fuisteis los primeros que nos hablasteis de Don Bosco y sembrasteis la semilla de unos valores que nos acompañan hasta el día de hoy.

Nosotros fuimos creciendo y llegó el momento de cambiar de etapa. Los recuerdos de primaria están ligados al patio, lugar en el que forjamos más a fondo nuestros vínculos, que quedarán para siempre en nosotros. El aprendizaje de lo que supone ser un equipo fue una de las cosas más importantes que nos dejaron estos años. Fue durante estos seis largos años en los que verdaderamente nos unimos como curso gracias a todas las experiencias que vivimos juntos: convivencias, excursiones, fiestas del colegio, los recreos del comedor, vivimos el bicentenario de Don Bosco, hicimos nuestra primera comunión juntos… Gracias a nuestros profesores de esta etapa. Ellos nos vieron convertirnos en pequeños adolescentes y fueron quienes con paciencia y mucho, mucho cariño nos prepararon para afrontar la siguiente etapa de la mejor forma posible.

Y después de esto comenzaba el vértigo de verdad, por fin estábamos con los mayores, y aún así nos sentíamos más pequeños que nunca. Con la ESO la mochila comenzó a llenarse, y sentimos el peso de la responsabilidad que conllevaba hacernos más mayores. Durante la ESO comenzaba una etapa dura en la que aprendimos que todo esfuerzo tiene su recompensa. Aprendimos a ser cada vez más independientes, crecimos mucho a nivel académico pero sobre todo a nivel personal. Cómo olvidar que el ecuador de esta etapa estuvo marcado por el COVID-19, una etapa que, aunque dura para todos, gracias a vuestro apoyo conseguimos superar de la manera más llevadera posible cuando ni para nadie lo era. Fue una situación nueva e insólita para todos, que supuso un gran reto. Precisamente recuerdo de esta última etapa fue nuestro viaje a Italia, único viaje que hemos hecho todo el curso entero, un viaje mucho más especial debido a las circunstancias, sin duda es unos de los recuerdos que con más alegría recordamos.

En Bachillerato hemos vivido pegados al bolígrafo, símbolo del esfuerzo constante que ha supuesto esta etapa que concluimos. Cuando llegó el temido segundo de bachillerato, recuperamos la misma sensación de miedo y vértigo que aquellos niños que entraban por primera vez en infantil, pero esta vez con muchísimas herramientas que adquirimos a lo largo del camino para completar este curso victoriosos. Y así lo hemos hecho. Ha sido un año complicado, por eso queremos agradecer especialmente a los profesores que nos han acompañado a lo largo de él. Muchas gracias por cada palabra de ánimo cuando no podíamos más y por cada empujón que nos habéis dado cuando veíais que nos quedábamos atrás. Habéis sido un apoyo muy grande. Por otra parte también ha sido el año de la nostalgia, porque hemos visto cómo se acercaban nuestras últimas veces: la castañada, la fiesta de Don Bosco… hasta llegar a nuestro último timbre y nuestro día como alumnos que es hoy.

En conclusión, todos los profesores habéis hecho grandes esfuerzos y habéis tenido que luchar contra los elementos, y por si no hemos sabido agradecerlo convenientemente queremos deciros que vuestro esfuerzo, al igual que el nuestro, ha dado sus frutos; solo que en vuestro caso, nosotros somos vuestros frutos.

También como no puede ser de otra forma, queremos dar las gracias a la dirección del colegio, al equipo de administración, de secretaría, de portería y con los que tenemos tantos recuerdos del comedor. Sin ellos todo esto no sería posible, ellos también nos han visto crecer.

Queridas familias: cuántas cosas tenemos que agradeceros… Si ya es difícil hacerlo con nuestros maestros, con vosotros es una tarea todavía más ardua. Queremos deciros lo que la vida del día a día, que nos sumerge en nimiedades, nos impide: os queremos mucho. Y aunque recientemente hayamos pasado una etapa complicada y hayamos podido estar distantes, ese sentimiento siempre ha estado ahí. Habéis sido y siempre seréis nuestro principal apoyo, queremos daros las gracias por ello. Habéis aguantado nuestros agobios y preocupaciones especialmente durante estos últimos años. Sin lugar a dudas el logro que nos mantiene aquí reunidos ha sido posible gracias a vuestro apoyo inquebrantable. Hoy venís todos aquí llenos de orgullo por vernos tan mayores y, porque sabéis bien lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Nuestra alegría por el logro crece al ver vuestras caras de orgullo y vuestras palabras afectuosas. Gracias por haber confiado en los salesianos para darnos la mejor educación que podíamos recibir, de veras, ha sido uno de los mejores que nos habéis hecho en nuestra vida.

Compañeros: juntos hemos superado innumerables trabas para estar aquí. Quiero traer al recuerdo todos esos momentos de bajón, de impotencia, de saturación y de estrés que hemos vivido a lo largo de estos años, especialmente en el último. Y no para lamentarnos, ni para castigarnos, sino para expresar la enorme alegría que supone haberlos dejado atrás. Estamos aquí para celebrar una victoria, una como la de tantas batallas que hemos estudiado, pero en este caso las únicas víctimas han sido todos los aspectos negativos, las dudas, las inquietudes y las incertidumbres. Todo eso ha quedado anulado porque hemos llegado aquí. Este es el momento de regocijarse y celebrar que el momento al que recurríamos cuando estábamos en lo más duro ya ha llegado. Solo queda un último empujón para la meta, decían; pues bien, esta es la meta. El futuro es incierto, y da algo de vértigo separarnos de quienes habéis sido durante muchos años nuestro hogar; pero toca ahora construir nuevos recuerdos junto a otras personas sobre la nutrida base que de aquí nos llevamos.

Para muchos de nosotros Salesianos Paseo ha sido toda nuestra vida, todo lo que conocemos hasta ahora ha sido esto. Es muy difícil pensar que ya se ha acabado, que tenemos que seguir nuestro camino, pero sabemos que vamos a poder con ello. Si a cualquiera de nosotros nos preguntasen qué ha significado este colegio, seguramente muchos contestemos familia. Es nuestra familia y siempre lo será. Aquí hemos crecido, llorado, reído, aprendido, rezado, nos hemos caído y nos hemos levantado porque hemos sentido los salesianos, como así quería Don Bosco: casa, patio, colegio e iglesia. Gracias a Dios, que os ha puesto en nuestro camino. Gracias por el regalo de formar parte de esta gran familia.

Este es el sueño de Don Bosco. Si estamos aquí es gracias a él. Él trabajó mucho para ello; es el mejor de los ejemplos: el esfuerzo y el empeño tienen su recompensa y esta llegará. Don Bosco decía: Hay que trabajar como si no se debiese morir nunca y vivir como si se debiese morir cada día. Este es el mejor mensaje que nos llevamos. Nosotros, los jóvenes debemos seguir su ejemplo de santidad, estar siempre alegres, trabajar con constancia, ser buenos cristianos y honrados ciudadanos. Queremos vivir así gracias a los valores salesianos que nos han acompañado durante esta magnífica etapa y que han guiado nuestro camino para convertirnos en lo que ahora somos. Esto no es más que un nuevo capítulo de nuestra vida que escribiremos con todo lo que nos llevamos de aquí. Es ahora cuando de verdad entendemos el verdadero significado de la frase: “esto no es un adiós es un hasta siempre”. Cerramos una etapa más de nuestra vida siendo enormemente felices y al igual que decía Don Bosco “cerca o lejos siempre pienso en vosotros”, y nosotros allá dónde estemos siempre pensaremos en él. Conscientes de todo esto, y enormemente agradecidos por ello, solo deseamos una cosa: ser felices en el tiempo y en la eternidad.

Muchísimas gracias a todos.

Por Teresa Morán Peña y Pablo Hidalgo Ruano

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