|
 Llegar a la ESO es sin duda acometer una etapa importante para todo estudiante. La Educación Secundaria Obligatoria significa una etapa de crecimiento que va paralela al crecimiento del chico/a en otros aspectos de su persona: la autonomía personal, la apertura a nuevos horizontes, el propio desarrollo personal, las nuevas relaciones, nuevas formas de diversión… empezar a mirar al horizonte de su futuro.
Malo sería pensar que sólo se trata de una etapa con estudios nuevos, más difíciles, con horarios distintos, nuevos profesores, diferente organización académica y asignaturas nuevas. Todo esto es verdad, pero se debe entender junto con lo anterior. Lo académico es diferente, pero la persona también.
Es la etapa final de la educación obligatoria que llena diez años de la vida de los chicos y chicas (trece si contamos con la Educación Infantil que, aunque no es obligatoria, sí es “habitual” en nuestro Sistema Educativo). Al final de esta etapa, llega el momento de tomar opciones que van a marcar el futuro de la vida de los adolescentes. Optar de manera adecuada es uno de los compromisos ineludibles que, padres, profesores y chicos, asumen al concluir 4º de ESO.
Cuando se dice que es una etapa importante no se está diciendo ninguna mentira. Pero no es importante porque desgraciadamente se asocie a dificultades, a demasiado fracaso escolar, a no poca conflictividad individual y grupal (en el colegio y en las familias)… No es importante por lo que se puede (se suele)  perder, sino por lo que se tiene que lograr…
Para tener éxito en esta etapa se tiene que caminar desde el principio incorporando algunas actitudes personales como: la regularidad en el trabajo, la autonomía creciente del alumno en las tareas, la distribución equilibrada del tiempo también el fin de semana), la identidad personal frente al ambiente (que no siempre ayuda)… En definitiva, aprender a pensar y decidir según “lo que me conviene”, dejando atrás el habitual ”lo que me apetece”, más característico de una etapa infantil.
Importancia destacada tiene la asimilación de un correcto hábito de estudios. No es tarea fácil; y no suele lograrse ni pronto ni solo… pero no se debe dejar el empeño por lograrlo. En esto nos jugamos buena parte del éxito. Al concluir esta etapa cada uno debe haber hecho acopio, a partes iguales, de conceptos básicos necesarios para etapas posteriores, y de unos hábitos de trabajo eficaces que soporten la exigencia del Bachillerato.
El reto es difícil, no podemos engañarnos… De ahí que toda ayuda es poca; y ayuda que no puede faltar es el de los profesores y la de la familia… cada uno su parte, sin invadir uno la competencia del otro.
Cuando las cosas no salen, cuando los resultados no son los esperados, lo verdaderamente útil sería que chicos, padres y profesores se preguntaran ¿en qué he fallado yo?...
|